Enseñanza de la Imagen en F.I.L.M.

Dejemos de formar servidores dóciles para la farándula audiovisual, lo que hace falta son profesionales de la Imagen, multidisciplinarios, críticos y creativos.

Fernando Buen Abad Domínguez

Lo que hay que Ver:

Detrás de cada Imagen producida para un interlocutor audiovisual, está una posición política, un conjunto de certezas y de dudas obedientes a una manera específica de comprender el mundo sus problemas y sus soluciones. Hay cineastas que luchan con sus ideas para cambiar lo que entienden como injusticias, errores o desviaciones sociales y hay cineastas que están muy contentos con el mundo tal cual se ofrece. También los hay intermedios e intermediarios, ambiguos, anodinos, eclécticos, reformistas… estos últimos son los peores. Estudiar los lenguajes multidisciplinarios de la Imagen, analizarlos e incluso denunciarlos, sin una acción consciente, científica… es trabajo insuficiente. A la larga muchas escuelas terminan convertidas en muladares para desplantes contemplativos y estériles. Hay estudiantes y profesores a quienes nada les importa la realidad socio-económica y cultural, plena de calamidades, que aqueja a la humanidad. Contra esas posiciones es urgente un debate definitivo… definitorio.

Hay que ver en qué estado está la producción de Imágenes y su estudio en las aulas. Sus atrasos y deformaciones. Hay que ver a qué clase de vicios del “glamour” se somete a muchos estudiantes para venderles cuentas de vidrio cinematográficas entre ilusiones y fraudes. A cambio hay que hacer que ocurra el acto extraordinariamente complejo de producir, exponer, analizar, enriquecer el conocimiento de la Imagen en colectivo, guiado por un programa científico, con docentes militantes de la honestidad teórica y estudiantes comprometidos en actuación social plena. Ver que se garantice la independencia económica y política de la ciencia, su independencia frente a los devaneos mercantiles o sectarios, su rigor y su capacidad de intervención social en la producción del conocimiento. Ver de manera colectiva, crítica y dialéctica que se tenga por certeza la mayor pasión por la verdad y la fortaleza de la ciencia al servicio de la libertad humana y de su comunicación no alienada. Ver que las aulas y los talleres no sean burbujas indiferentes a lo que pasa en las calles, en las fábricas, en las cabezas y los corazones de los pueblos y en la lucha de clases.

Hoy por hoy, de manera hegemónica, buena parte de la educación en materia de Imagen se ha vuelto una mercancía más. Determinada por las leyes del mercado y las necesidades de control burgués sobre las masas, muchas escuelas de Cine, TV o video… se acomodan a cierta teoría y práctica académica, no para contribuir a resolver problemas sociales nucleares sino para generar mano de obra útil al modo de producción audiovisual dominante. La enseñanza del cine, del video o de la televisión no es ajena a la alienación. En las escuelas se reproducen las relaciones obrero-patronales y la lucha de clases. Hay profesionales del arribismo, de la mentira y de la explotación en contubernio con los burócratas. (y viceversa)

Hoy se privilegia para la "producción audiovisual" sólo lo que a ciertos criterios, no poco mediocres, les resulta “vendible”. Reina un clientelismo hipócrita interesado casi exclusivamente por las “opiniones” positivas de los mercado-logos. Se vende lo que ellos dicen que es rentable, lo que da beneficio a los dueños o directivos de cines, televisoras y agencias de publicidad. La industria de la educación en materia de Imagen es una fuente de beneficios, no sólo económicos, directos, cuyo ideal es la “producción masiva de expertos en farándula”, sino la producción rentable de profesionales para que los llamados “medios de masas”, de “cultura de masas” capaces de ganar “audiencias”, capaces de vender el imaginario capitalista metido en caballos de Troya fílmicos.

Hacia un diagnóstico generalizado: Cine, TV, video e Internet amenazados…

Hay una lista enorme de payasadas academicistas, escolásticas, burocráticas y “snob” al acecho de muchas de las escuelas que enseñan lenguajes audiovisuales. Se trata de una lista larga de proyectos saliváceos que se olvidan de lo que objetiva, realmente, desoladoramente son las experiencias audiovisuales monstruosas que el capitalismo ha engendrado. Sálvense las excepciones.

Es realmente preocupante el paisaje en la enseñanza de la Imagen mercantilizada. En apenas unos 110 años reina impúdicamente el lastre cultural descomunal de la cultura burguesa que, con su que lógica del mercado, nos atiborra cada pantalla, cada superficie disponible. Plagan cada centímetro de nuestra vista, noche y día. Diversidad de lo mismo para lograr un objetivo repetitivo hasta la náusea: esclavizar conciencias. Hay que ver cómo se tapiza la mirada con imágenes e imaginarios del consumismo para hacer invisible la realidad de la mayoría.

Hay peligros y persecuciones de todo tipo, están al acecho, tras las puertas de las aulas, las oficinas, los baños… hay “orejas” y “espías” voluntariosos atentos a “denunciar” todo lo que suene a “zurdito”, “rojo”, “rebelde”, “marxista”… cualquier queja, propuesta, observación, crítica, diagnóstico… que no coincida con la opinión de los patrones o los jefes.

Hay escuelas de la Imagen que hacen de la ciencia una payasada mercantil. Se expende palabrería sin rigor y opinología al uso. Se ocultan los libros “incómodos”, las críticas serias, la verdad objetiva y toda posibilidad de transformación radical de la sociedad y de sus medios o modos para producir comunicación no alienada. Se omite la investigación participativa y consensuada, se omite el diagnóstico crítico, el análisis dialéctico de las causas socio-económicas y los efectos superestructurales de la barbarie y la miseria, se omite la razón y se omite la pasión por la verdad a cualquier costo. A cambio se aplaude la mansedumbre, la desorganización gremial, el efectismo erudito, la saliva hipnótica y culteranismo de los libros propios.

En no pocos lugares se educa para la concentración y monopolización de la producción de imágenes, se educa para el control de los lenguajes audiovisuales que deforman la realidad, la vida, las experiencias y deseos más personales y concretos. Se educa alienantemente para la alienación, se capacita para la extensión del poder económico y político del capital, muy “seductor” y muy capaz de alcanzar esa “tierra prometida”, reino de ejecutivos y de publicistas “genios”, reino de “creativos” y de “líderes de opinión”, reino de cineastas mansos y reino de la farándula toda: la manipulación de conciencias y el incremento de las ventas.

La necesidad de estudiar la Imagen y sus lenguajes multidisciplinarios de manera no alienante crece cuantitativa y cualitativamente a pesar del neoliberalismo y el posmodernismo, a pesar de los burócratas y los tecnócratas, a pesar de las vanidades y las calamidades. A pesar de los pesares. Es una necesidad que avanza, como se debe, mientras consolida su conciencia de clase, su conciencia transformadora, su capacidad de organización y de convocatoria. Es una necesidad que entiende el Trabajo de producir imágenes, su lugar histórico y sus reivindicaciones supremas, como una necesidad que busca, que avanza a la hora poética, que abraza el estudio de la Imagen como una responsabilidad política y científica, que entiende tal responsabilidad como episodio fundamental y fundante en el tejido de las relaciones sociales y que, por lo tanto, no se limita a estudiar las técnicas y las formas sino que avanza a estudiar los modos de producción de la Imagen junto con las relaciones de producción sin olvidar sus condicionantes históricas, económicas y de clase.

Estudiar la producción de Imágenes y sus lenguajes multidisciplinarios, opuestos a la alienación, implica estudiar fundamentos teórico-metodológicos, dialéctica política de las imágenes, ética y estética para transformar el mundo, economía política de los signos.

Algunos males mayores de los modelos dominantes:

1. Los designios de la globalización neoliberal, con su moraleja escatológica del “Fin de la Historia” desde la caída del muro de Berlín, han cruzado de lado a lado les estructuras de muchas las escuelas de la Imagen. No sólo en sus modos de administrase sino es sus curriculas más caras. Un tufo acentuado de tecnócratas engreídos insufla los principios del mercado a diestra y siniestra para una pasarela fanática de lo “ligth”.

2. Ausencia casi total de estímulo a las habilidades críticas. Es decir: qué va primero, qué segundo, qué es primordial, qué aleatorio, qué está de mal, según consensos e intereses de clase, y qué está bien. Terror patológico y acrítico frente a las jerarquías. Palabrería para esconder lo esencial. Fascinación por el show en todos los rincones de la existencia y pasión por la dictadura del raiting.

3. Zaping académico, zaping metodológico, zaping casuístico, zaping epistemológico… dictadura del zaping.

4. Todo breve, superfluo, fácil.

5. Descalificación a ultranza del marxismo.

6. Imperio de la posmodernidad en el rigor científico, intelectual-cultural; apología del pensamiento único. Para ellos la ciencia no es un arma para resolver problemas, sociales, naturales, políticos etc. sino adiestramiento mercantil para el mercadeo con el know how.

7. Empirismo desaforado.

8. Criticismo enfebrecido.

9. “Taylorismo Epistemológico. Para fortalecer la tendencia fuertemente pragmática que ha invadido el campo de la producción de conocimientos en materia de Imagen, se ha generado un taylorismo epistemológico, que formula que para ser más eficientes y competitivos en dicho terreno se debe crear una gran separación especializada en la operación y la producción del conocimiento. Así, en el campo de la producción de Imágenes ha surgido “una práctica que apunta a una super especialización en la división del trabajo, ya no sólo entre, sino al interior de cada una de las ciencias sociales”

10. El Conocimiento como Mercancía.

Nadie enseña la producción de Imágenes ingenuamente: ¿Por qué estudiar Cine, por ejemplo?

La técnica no puede ser enfrentada a la cultura, ya que constituye su principal instrumento. Sin técnica no existe cultura. El desarrollo de la técnica impulsa la cultura. Y la ciencia o la cultura general levantadas sobre la base de la técnica, constituyen, a su vez, una potente ayuda para el desarrollo posterior de la técnica. Nos encontramos ante una interacción dialéctica”. L. Trotsky.

Nosotros creemos que estudiar Imagen, seriamente, implica, bien visto, librar una batalla, la Batalla de las Ideas donde es imprescindible tener conciencia de la fortaleza propia de las Imágenes no alienadas (que siempre es social) y las fortalezas de nuestros intereses y lenguajes para contar historias. Implica entrenar la fortaleza ética para elegir, para profundizar, para contribuir a elevar a conciencia y hacer “visibles” las luchas humanas.

Tres objetivos inmediatos.

Nosotros tenemos la intención de enseñan producción multidisciplinaria de Imágenes -acústicas y visuales- pero no a “cualquier costo”. No tenemos vocación académica banal ni nos importan los devaneos del “glamour” fílmico. Creemos que una escuela de Imagen -capaz de abarcar el cine, el video y la televisión, al menos- ha de ser un espacio de formación exigente para formar profesionales especializados con bases éticas humanistas. Una escuela de Imagen debe ser motor de un desarrollo cultural visible y evidente. Una lucha contra todo lo que hace invisibles las mejores potencias de la humanidad organizada para emancipar su conciencia y su vida.

Y nada de eso es posible si no se entrena primero la metodología de la dirección al lado de la metodología para la creatividad fílmica. Tomar la dirección para impulsar la creatividad. He aquí los primeros tres cometidos de esta escuela:

Primer objetivo: Aprender a dirigir un proyecto de Imagen con talento multidisciplinario, crítico y riqueza expresiva.

Segundo objetivo: Entrenamiento permanente de las capacidades creativas basado en una cultura general sólida.

Tercer objetivo: Excelencia técnica, actualización permanente y pasión por la calidad.

viernes, 3 de enero de 2014


¿Cómo se “educan” los directores de cine?
Estulticias de película
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía

“…Ahora, sin embargo, sería imposible imaginar nuestra vida cultural sin el cine”. León Trotsky
También el desarrollo de los “directores de cine” es desigual y combinado. Hay de todo pero no reina lo mejor. La base dura y cruda, donde se transparenta lo que piensa y hace la mayoría, es la “industria” cinematográfica burguesa, sus intereses mercantiles, sus prioridades ideológicas y sus vanidades nauseabundas.
En general los “directores de cine” son unos mercenarios ideológicos dedicados en formar opiniones y gustos con respuesta mercantil rápida. Se han vuelto corredores de inversiones y usinas de glamour rentable que, en simultáneo, consolidan latifundios cuyo poder se expresa más en la capacidad de controlar mercados que en la habilidad para producir arte burgués. Sin que lo descuiden. Los hay muy destacados.
Algunos de esos “directores de cine” han sido formados por el empirismo más descarnado. La escuela de la “práctica” dicen. A fuerza de recorrer todos los rincones de la industria, algunos creen que han ganado el derecho a ser el que “dirige”. Una especie de moral de latifundista que sostiene la idea de que “los grandes genios se forman desde abajo”. Y con ese ilusionismo en píldoras embaucan a incautos que pasan su vida entera en los sótanos de la industria y jamás vieron, ni verán, cómo se llega a las “cumbres”. Maneras tiene el capitalismo de hacer invisible la lucha de clases. “Mas, por el momento, podemos dormir tranquilos, pues la luz cinematográfica está convenientemente dosificada y encadenada.” Luis Buñuel.
Otros más, salen de las aulas universitarias (sucedáneos y conexos) donde se han sistematizado, unas más y otras menos, algunas verdades del negocio cinematográfico. ¿Qué le gusta al público? ¿Qué vende más? ¿Cuántos nombres famosos garantizan la inversión y su recuperación? ¿Qué disfraza mejor la realidad? ¿Qué pude ser mostrado sin que deje de ser negocio? … ¿Cómo se fabrica el glamour de las baratijas ideológicas narradas en filmes estereotipados… cuánto debe ponerse de trompadas, desnudos, vulgaridades y acción? y, principalmente, ¿Cómo se gana la confianza de los inversionistas y qué ganancias aseguran esa confianza? Un poquito de ingenio, no poca creatividad y mucho trabajo esmerado al servicio de la mercancía fílmica. Localidades agotadas.
Cada “director de cine” tiene responsabilidades según sea el desarrollo de la industria, su momento histórico y sus ambiciones (sin contar cómo se laven dólares, cómo se eludan impuestos y cómo se esclavice a los trabajadores que no son del “star system”) A cambio de mantener sanas su finanzas, la industria tolera ciertas audacias, inteligencia, irreverencias y “críticas”. Nada que no sea digerible con una buena chequera y contratos para películas nuevas. Una red de estudios fílmicos, distribuidoras, salas de proyección y negociados colaterales… aguarda permanentemente las “novedades” con qué seducir a las masas para que llenen las salas y coman la chatarra corporativa fríamente preparada para un modelo de consumo que “entra por los ojos”. No pocas veces toda esa red de parásitos descansa sobre los hombros del “director de cine” cuya riqueza mítica suele depender de la riqueza que reparte entre sus zánganos. Y para eso “estudian”.
La industria cinematográfica burguesa ha sido capaz de exhibirse a sí misma con toda impudicia, mostrar sus miserias y sus perversiones confiada en el pulso cirujano de sus directores que, siempre con la mira en las ganancias, son capaces de contemplar sin transformar. Arte de mercenarios que, obedientes al mejor postor, son capaces de convertir en “show business” cualquier tragedia humana y, después de cobrar ganancias, recibir premios a granel. No importa el espesor ni el calibre del ilusionismo con que se vende la imagen de los “directores de cine” son responsables de operar armas de guerra ideológica en plena lucha de clases y sus objetivos no pueden esconderse bajo ninguna estratagema del glamour farandulero.  
Para fortuna, también hay “directores de cine” que dirigen su práctica y su obra con dirección emancipadora. Hacen visible la crisis de dirección revolucionaria que padece la humanidad y buscan respuestas que además de ser revolucionarias son cinematográficas. Son la minoría pero la cantidad no opaca su calidad. Su dirección no es una pataleta esteticista de mercado sino un programa emancipatorio que se libra en la economía tanto como en la ideología y en la estética. Su meta no es el snobismo sino el triunfo revolucionario de hacer visibles todas las muertes y las bajezas que el capitalismo esconde bajo la alfombra de la “realidad”, y además, hacer visibles los caminos para derrotar al capitalismo, definitivamente. Su meta es ser ayudante del sepulturero que ya cava la fosa histórica de esta etapa monstruosa que ha esclavizado a los seres humanos.
Por fortuna, hay “directores de cine” investigadores del nuevo relato cinematográfico, “diratores” comprometidos con hacer visibles no solamente los estragos infernales del capitalismo contra los seres humanos, y contra el planeta, sino también mostrar a los que luchan y cómo se produce la riqueza simbólica nueva de la revolución permanente. Directores comprometidos con desarrollar la dialéctica forma-contenido en la sintaxis audiovisual nueva para el relato nuevo que la revolución requiere. Directores que  no son serviles al modelo burgués de producción de imágenes y que entienden que la riqueza del cine ha sido secuestrada por mafias exhibicionistas que no dejan ver el nacimiento de una mejor etapa de la humanidad que será nueva porque será hija de la Revolución Permanente y porque será Socialista. Nada más y nada menos.    

  

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